Para Claudia

Hay mañanas que amanecen oliendo a tristeza, y cuando esas mañanas comienzan a perfumar la rutina, a uno no le queda de otra más que aprender a llorar en palabras.

Me gustaría aun así decirte que todo va bien, que soy fuerte (porque sí lo soy, así me hiciste), que estoy haciendo las cosas lo mejor posible para no tocar el fango. Pero el sólo hecho de decir que todo va, sería mentirme a mí misma y tú lo sabrías reconocer en todo eso que no digo, pero que alcanzas a escuchar gritar dentro de mí. Y aunque sé que lo sabes, siempre haces falta aquí, porque eres los infinitos “hubiera” de toda mi vida y también eres todo ese consuelo que nunca va a llegar, o por lo menos no pronto. No en esta vida.

Estás tan lejos, tan inalcanzable, tan intangible que duele. Duelen incluso tus risas desde donde no las puedo oír. Duelen mis manos que no encuentran las tuyas y me duele en sí el paralelismo de nuestras vidas. Tú tan allá y yo demasiado aquí, en el mundo de lo amorfo, de lo incierto y de las dualidades.

Y aun así, persigo en mi mente tu recuerdo que me ayuda a darme valor, que me obliga a sobrevivir cada vez que siento que me extingo. Pareciera a veces que mi existencia se justifica en seguir avanzando para alcanzarte, para encontrarte de nuevo y refugiarme en tu cuerpo para apagar las heridas y responderme todas esas preguntas que he fabricado durante las noches en que se me pudre la esperanza.

Así que puedes estar tranquila, aunque las cosas por ahora no van, yo voy a seguir aquí. No pretendo rendirme, no voy a ceder ante el mundo y no voy a decepcionarte a ti.

D.

 

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De cuando me vaya.

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Algún día me iré. Será un día de lluvia en el que tome mis maletas y huya. Antes pasaré por tu casa y te diré que quiero llevarte conmigo. Entonces, si decides, nos iremos juntos y tomaremos carretera para ver amaneceres desde otros cielos, buscaremos la noche bajo un nuevo techo y oleremos el petricor de otras tierras. Nadaremos en otras aguas, en aguas cálidas y mansas que reflejan el cielo mientras la arena masajea nuestros pies cansados de andar por andar, de sentir que aunque no se tiene dirección, se debe continuar por obligación. Vamos a despertar sintiendo que el destino ya no nos persigue para devorarnos, vamos a perdonarnos y dejar de purgar karmas innecesarios, porque ya todo quedó atrás, porque las cuentas entonces habrán quedado saldadas y el dolor se irá cuando nos vea reír a carcajadas, cuando vea que hemos dejado de regar el pasto con lágrimas y nos encuentre sembrando flores en vez de minas de rencor. Un día vamos a sentir los ojos libres de llanto porque el corazón se encontrará hinchado de amor y bendición. Vamos a dejar de sentir que la ciudad y su gente nos estruja, que nos falta el aire y que el ruido nos ahoga. Conoceremos la hora de ir en busca de nuestro imperio en patrias ajenas pero libres.

Un día me voy a ir y te voy a llevar conmigo porque necesito tu voz como guía para emprender el camino y tú alma como compañera para combatir la tristeza que aún me encadena a este reino obscuro y multidimensional al que no he podido abdicar. Un día vamos a huir para salvarnos, vamos a convertir nuestras huellas en cenizas y soplaremos, porque a veces no queda más remedio que provocar el incendio desde adentro y luego soplar.

 

D.

Por si sientes que estás tardando en sanar.

Quiero decirte que los dolores pasan, pero que antes de que eso suceda, hay que dejarnos sentir cómo nos roen hasta el hueso, nos lapidan el cuerpo, nos devoran el alma hundidos, nadando entre lágrimas desde las sábanas. Va a acabar, lo sé yo y lo sabes tú desde el fondo de tu pena. Lo sabes cada vez que levantas el vaso y le das otro sorbo más para no pensar. El problema es que quizá dejes de pensar, pero no de sentir. Sé cómo escalan los duelos en el cuerpo, conozco muy bien el aroma y el sabor del pesar, he sentido que mi integridad física se deshace de llanto en llanto, pero quiero que sepas que siempre sobrevive la esperanza. Siempre imperan los sueños. Todo, invariablemente, se acomoda en su lugar.

Así que ten paciencia y deja que fluya. Y llora, sigue llorando hasta que el dolor se acabe. Es válido, es sano. Y aunque no puedo, te abrazo. Te lleno el alma de calor con la certeza de que se acerca el día en que vas a dejar de ser una diosa perdida y confundida, entonces vas a estar lista para ver todo lo que está por desplegarse en tu camino.

Para AGB.

D.

De noches y sortilegios

Estamos todos: están el frío de la noche, el silencio de los que duermen, las culpas del olvido, las esperanzas demolidas y todas las voces que no callan. Están la soledad, todos los sucesos incomprensibles, las secuencias sin sentido, los capítulos perdidos. Es de madrugada y comienzo a caminar por estas tierras donde existe la amargura, las preguntas interminables, sofocada por la indecisión, por el miedo y abandonada por todos aquellos que estuvieron, por los que nunca estuvieron y por los que nunca estarán. Abandonada de este mundo para visitar otros, llevándome mi olor para recordar aquella que aún creo que soy… y quisiera despertar pero a veces no hay razones suficientes para volver, entonces continúo pesadillando porque todo luce opaco, deforme, obsceno y doloroso. Me reclamo porque esta no es mi vida y esta no soy yo. Nunca supe vivir con la esperanza muerta, ni si quiera en el mundo de los adultos. Estoy atrapada en la caja de los deseos no cumplidos, de los lamentos y las tragedias. Estoy atrapada en esa vida que no estoy viviendo y me atrevo a buscar dentro de mí esa luz que me recuerda lo libre y lo fuerte que soy. Sé que ese es mi pase a la dimensión de la compasión y del perdón; de la redención. Intento recordar que el enojo y el rencor no valen la pena, de aferrarme a todo lo bueno que reside en mí, porque después de todo soy eso, soy bondad, aunque de pronto la luz de los extraños no me permita ver bien y me desvíe un poco de aquel camino que está destinado para mí.

Ha sido una noche pedregosa, pero casi amanece y algo me dice que vale la pena despertar, aunque sea del sueño y no aún de la pesadilla, que vale la pena tocar la realidad y pisar en ella, decidir estando en ella, acariciarla y hacerla aliada. Consumar todas las alianzas necesarias, incluso con los demonios que hacen eco en todos mis infiernos; despertar deshecha para rehacerme durante el día y alimentarme de todo lo humano y natural que me permita sobrevivir en este plano que no comprendo y que no elegí ni elegiría en ninguna de mis siguientes vidas. Me salva el calor de quienes amo, me salva su mano que me acerca, que me ayuda a convivir con todo esto. Y me salvo cada mañana diciéndole a aquella que aparece en el espejo vestida con un ajuar de guerrera rodeada de un halo de luz: “está bien: tú ganas”.

D.

Querida Irene:

Son las 12 del día. He buscado en todo el despacho y no encuentro por ningún lado tu voz ni tu sonrisa. No me concentro, no me llegan las ideas y sólo puedo pensar en todas aquellas vidas que no estoy viviendo a tu lado. Aquí encerrado imagino tus ojos mirándome, tu boca pronunciando mi nombre mientras recibe mis besos.

Desde afuera en la calle, llega el olor a mandarina para recordar que ya estamos entrados en el otoño y que se avecina el invierno. Entonces me angustio de no saberte cerca, de pensar que teniendo toneladas de cobijas encima, moriré congelado sin el calor de tu cuerpo, sin el sol de tu ser que ha venido alumbrando todas y cada una de mis mañanas.

Tu ausencia es temporal y aun sabiéndolo, sólo sé depender de ti. Me sudan las manos, me tiembla el cuerpo, tengo insomnio y me consume la ansiedad. Si logro dormir, un sobresalto me despierta porque creo escuchar tus pasos, pero es solo el tronido de la madera combinado con mi deseo porque regreses pronto. Extraño el sigilo en cada movimiento tuyo, tu voz tan suave y firme a la vez, es como un ángel que esconde sus peticiones en un mandato adornada con gracia y firmeza. Eres un misterio indescifrable, un sueño del que es imposible despertar. Conviertes tu ausencia en tortura, en un periodo de abstinencia total de la vida. Estás a trenes de distancia y me preocupa que estés bien, que no te falte nada, que ningunos ojos se atrevan a posarse en ti o robarte una sonrisa, la idea de perderte me enloquece.

Espero de corazón que tu hermana se recupere pronto y que el bebé esté bien. Aquí haces más falta, este hombre tuyo te necesita aún más. Mis telegramas no llegan, mi voz no te alcanza, no sé nada de ti. Me faltan tus historias, tus preguntas a media madrugada, las discusiones acaloradas. Te necesito para volverme a volcar en ti, para perderme en ti, para que vuelvas a agitar mi paz con tu temperamento de poca docilidad. Porque casi no hay mujeres como tú, Irene, capaces de sacudir la tierra con sus pasos, de intimidar a los más fuertes con tan sólo una mirada. Sólo contigo me siento vivo y flagrante y conforme los días pasan, todo se va apagando. Podría decir incluso que la casa luce oscura, que ante tu ausencia los espíritus también callan… los siento tristes;  pobres, no hay nadie que pueda hablar con ellos, nadie que los consuele.

Te espero aquí, Irene. No lo olvides. Te espero desprovisto de alegría y con la nostalgia del perfume que reside en tu cuello. Te espero con la fuerza que con la que bombea mi corazón para aguantar a tu regreso.

Con amor,

Narciso. Tu Narciso.

 

D.

De demonios y princesas.

“De acuerdo a la leyenda, esto se refiere al Leviatán y su pareja, ya que esta es la reencarnación de la serpiente de Adán y Eva. Dios creó un Leviatán macho y una hembra, entonces mató a la hembra y la dio de comer para los honestos, ya que si los leviatanes llegaran a procrear, entonces el mundo no podría interponérseles.”

Rashi.

 

Hay veces en las que uno siente que va a caer y se aferra como puede a las orillas de la vida, esas veces en las que el barco se hunde inevitablemente y ha llegado el momento de sacar las luces de bengala y pedir auxilio porque uno percibe que ya no hay manera de hacerlo solo. La salvación de pronto ya no está en mis manos y a veces es el orgullo el que entra a salvarme, pero también es el mismo que no permite ver el tamaño de la avería y me hace continuar sin saber que el cincuenta por ciento ya está debajo del agua, me vuelvo irrescatable, incontenible, moviéndome indolente por la vida.

Y aquí escribo, aquí existo. Poseída, mirando desde otro mundo, atrapada en las paredes que truncan mi creatividad, en una jaula que anula mi libertad y reduce mi espacio, escribo atada a una silla que ni si quiera yo misma he podido escoger. Escribo inerme, camino inerme, existo inerme. Como un mueble, como un niño que no tiene para elegir, porque alguien desde antes ya eligió por él y me desvisten la fuerza, me arrebatan el sol. Resurgen los demonios, atraídos desde el infierno oliendo y deseando todo aquello que yo poseo, leyéndome los pensamientos, y a cambio me dejan escuchar los suyos, intercambiamos secretos, numeramos culpas. Ellos llegan y estrujan la paz, la azotan contra la pared hasta destruirla, irrumpen pulverizando los sueños en un puño, me callan para apartarme del mundo y de todo lo viviente, vuelvo a ver mi casa en ruinas. Dejo de ser mañana, dejo de ser calor, incluso dejo de arder y soy como un desierto por la noche. Silente, incierto, helado y peligroso. Me convierto en miles de formas, todas extrañas y nocturnas. Mi piel se llena de espinas, así nadie me toca, así nadie me alcanza, me hago del espacio suficiente para ser leviatán, para destrozar y encender todo a mi paso sin conciencia alguna, sin miramientos. Se oyen los tambores y se avecina la inevitable guerra. Por momentos soy rabia, soy sombra, soy tormenta y paso a paso cimbro la tierra, golpeo al cielo y le arranco las lunas, aplasto las estrellas, desmiembro sus historias llevando a la ira a su punto culminante sintiendo cómo los espíritus gruñen y gritan a través de mí reclamando espacio, ahuyentando todo aquello que invoca mi pequeñez, sabiendo que el triunfo le pertenece a la armonía. Hasta que todo vuelve al silencio y yo recupero mi forma habitual, se apaga la noche, silencian las aves.

Sólo así regreso a la vida en forma de gracia, sólo así puedo volver a ser imperturbable, reencarnando en la emperatriz de la paz y la bondad, dejando al demonio para volver a ser benevolente y compasiva, princesa en la patria de los sueños, del auxilio, de la luz y la piedad.

D.

Conexiones

Me quedo contigo hasta que te quedas dormido y mientras te observo, te envuelvo en palabras que convierten tu nombre en serenidad, entonces te pronuncio de nuevo para tocar tu energía más elemental y te guardo para mí de forma que la tierra calla, todo parece aclararse y yo me sosiego. Me convierto en versos y llego a ti, pido ser seda para tus sentidos y arrullo para tu alma, pido inmortalizarnos en letras y que vivamos en las hojas del papel que moran en el libro de nuestra historia. Pido haber sido hecha para ti, para que engranes con cada centímetro de mi piel y guardarte en ella.

Son mis manos ventosas en ti, y es que resides en mi corazón que está conectado directo a ellas y termina por desembocar en ríos de tinta que esperan ansiosos para hablar de ti y convertirse en un mar infinito y glorioso para después yo ser puerto y faro de tus pies.

D.