De demonios y princesas.

“De acuerdo a la leyenda, esto se refiere al Leviatán y su pareja, ya que esta es la reencarnación de la serpiente de Adán y Eva. Dios creó un Leviatán macho y una hembra, entonces mató a la hembra y la dio de comer para los honestos, ya que si los leviatanes llegaran a procrear, entonces el mundo no podría interponérseles.”

Rashi.

 

Hay veces en las que uno siente que va a caer y se aferra como puede a las orillas de la vida, esas veces en las que el barco se hunde inevitablemente y ha llegado el momento de sacar las luces de bengala y pedir auxilio porque uno percibe que ya no hay manera de hacerlo solo. La salvación de pronto ya no está en mis manos y a veces es el orgullo el que entra a salvarme, pero también es el mismo que no permite ver el tamaño de la avería y me hace continuar sin saber que el cincuenta por ciento ya está debajo del agua, me vuelvo irrescatable, incontenible, moviéndome indolente por la vida.

Y aquí escribo, aquí existo. Poseída, mirando desde otro mundo, atrapada en las paredes que truncan mi creatividad, en una jaula que anula mi libertad y reduce mi espacio, escribo atada a una silla que ni si quiera yo misma he podido escoger. Escribo inerme, camino inerme, existo inerme. Como un mueble, como un niño que no tiene para elegir, porque alguien desde antes ya eligió por él y me desvisten la fuerza, me arrebatan el sol. Resurgen los demonios, atraídos desde el infierno oliendo y deseando todo aquello que yo poseo, leyéndome los pensamientos, y a cambio me dejan escuchar los suyos, intercambiamos secretos, numeramos culpas. Ellos llegan y estrujan la paz, la azotan contra la pared hasta destruirla, irrumpen pulverizando los sueños en un puño, me callan para apartarme del mundo y de todo lo viviente, vuelvo a ver mi casa en ruinas. Dejo de ser mañana, dejo de ser calor, incluso dejo de arder y soy como un desierto por la noche. Silente, incierto, helado y peligroso. Me convierto en miles de formas, todas extrañas y nocturnas. Mi piel se llena de espinas, así nadie me toca, así nadie me alcanza, me hago del espacio suficiente para ser leviatán, para destrozar y encender todo a mi paso sin conciencia alguna, sin miramientos. Se oyen los tambores y se avecina la inevitable guerra. Por momentos soy rabia, soy sombra, soy tormenta y paso a paso cimbro la tierra, golpeo al cielo y le arranco las lunas, aplasto las estrellas, desmiembro sus historias llevando a la ira a su punto culminante sintiendo cómo los espíritus gruñen y gritan a través de mí reclamando espacio, ahuyentando todo aquello que invoca mi pequeñez, sabiendo que el triunfo le pertenece a la armonía. Hasta que todo vuelve al silencio y yo recupero mi forma habitual, se apaga la noche, silencian las aves.

Sólo así regreso a la vida en forma de gracia, sólo así puedo volver a ser imperturbable, reencarnando en la emperatriz de la paz y la bondad, dejando al demonio para volver a ser benevolente y compasiva, princesa en la patria de los sueños, del auxilio, de la luz y la piedad.

D.

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Conexiones

Me quedo contigo hasta que te quedas dormido y mientras te observo, te envuelvo en palabras que convierten tu nombre en serenidad, entonces te pronuncio de nuevo para tocar tu energía más elemental y te guardo para mí de forma que la tierra calla, todo parece aclararse y yo me sosiego. Me convierto en versos y llego a ti, pido ser seda para tus sentidos y arrullo para tu alma, pido inmortalizarnos en letras y que vivamos en las hojas del papel que moran en el libro de nuestra historia. Pido haber sido hecha para ti, para que engranes con cada centímetro de mi piel y guardarte en ella.

Son mis manos ventosas en ti, y es que resides en mi corazón que está conectado directo a ellas y termina por desembocar en ríos de tinta que esperan ansiosos para hablar de ti y convertirse en un mar infinito y glorioso para después yo ser puerto y faro de tus pies.

D.

Deseo

Te deseo cielos llenos de estrellas, horizontes de carretera que imiten nubes rosadas como las aguas de Celestún. Te deseo caminos llenos de respuestas, horas de paz y claridad.

Te deseo verdad, fuerza y amor. Te deseo una vida alejada de todo aquello que te hace ser menos tú. Deseo que puedas redimir pronto todos tus errores y auguro que tendrás el perdón de quien sin querer lastimaste.

Te deseo la plenitud del mar, toda su inmensidad. Te deseo un alma dulce como el agua de los ríos, un alma que perdone y que abrace la vida como las raíces del árbol abrazan la tierra que los sostiene.

D.

De milagros y bosques.

Y ahí estaba El, ahí estaban sus ojos vigilantes, a un lado mío. Estaban también las velas que iluminaban nuestra noche de ensueño y el silencio donde de pronto pareciera que las manecillas del reloj hablaban más fuerte que nuestra respiración. Él es mi vida y es mi tumba, es donde nace mi risa y mi sosiego. A veces padre de mis respuestas y otras vecino de mis dudas. Y me mira, me observa como si yo fuera un milagro, y yo pienso que más bien el milagro es El. Lo es su mirada que se posa en mí y me ilumina, me hace sentir diosa porque él es dios en tierra de hipócritas, de amorosos y amantes. Es dios que siembra amor en mis huesos y me incrusta en las venas esperanza. Así que eso soy, una diosa a un  lado de su dios. Ambos merecedores del reino de la vida, ambos andando en el origen del todo, viviendo en tierra de ciegos, amándonos en el silencio donde se dictan las letras del destino, navegando en ríos de vino.

Somos gracia y murmullo, somos eternos, porque para ser eternos fuimos hechos.

D.

Para las diosas de mi vida

Yo siento que fui enviada a un mundo donde existen diosas regadas por doquier. Que nací para encontrarme con ellas, ya sea para recuperarlas como abuelas, como ninfas antecesoras a las cuales conocí en vidas pasadas que interceden por mí en cada vida futura turnándose una a una para toparse conmigo de los modos más accidentados posibles, o para hacerlas mis aliadas y cómplices en la misión que tengo para esta vida. Ahora entiendo que todas tienen su tiempo, todas cuentan con su espacio y no sé cómo, pero yo siempre llego a ellas, yo siempre llego a ese camino que me lleva a descubrir aquel rincón donde aguardan y percibo su deseo de ser encontradas. Algunas de ellas de pronto olvidan su divinidad y se pierden por un tiempo, pero luego recibo el llamado y comienzo mi recorrido, me sé de memoria el sendero, mi corazón lo conoce y sin saberlo, mi alma las oye a lo lejos.

Todas andan tanto en el mundo terrenal como el espiritual y en cada una que conozco encuentro a mi madre dándome un mensaje que necesito escuchar. Hay un fragmento de respuesta en cada palabra, en cada conversación. Y ahí está todo, ahí por momentos encuentro de nuevo mi centro y me vuelvo una de ellas para luego regresar a la humanidad.

D.

La paz es un país que de pronto no podemos gobernar.

Tú llegaste para inundar mi vida de poesía, de palabras y formas bellas y me doy cuenta que eres capaz de regar campos infértiles de sueños con el agua que brota de tus labios hasta que haces nacer milagros desde el fondo de la tierra. Esos milagros me alcanzan y me alimentan el alma, me nutren de amor y me renuevan. Mi fe resurge y yo no puedo creerme tan bendecida. Tan de vuelta a ese mundo que pensaba perdido y que había olvidado en ilusiones pasadas. La vida me da de nuevo la bienvenida y yo no espero, no puedo esperar porque necesito entregarte todo lo bueno que aún alberga mi ser, necesito ser luz para tu camino. Traigo urgencia y me doy cuenta que soy todo por ti, y soy amor, soy ternura, soy paciencia y soy delirio. Soy ensueño y descanso envuelta en tus brazos durante horas y no puedo encontrar un lugar más sagrado en el cual pensar y a dónde acudir. Estoy entera y no puedo estarlo más. No encuentro textura más sagrada, más hermosa que la de tu piel. No hay más voces, no hay más cuerpos, no hay más tiempo que el transcurre mientras yo te estoy adorando en formas inusuales y de modos poco creíbles de manera que me encuentro amándote aun por encima de saber que la paz entre nosotros es lo primero que se puede romper y así me aventuro, así tomo tu mano cerrando los ojos para entrar en el futuro que se avecina, en las dimensiones que nos esperan.

Para E.

D.

 

A mi milagro de todos los días.

De pronto me observas como si ya me conocieras de tiempo, como si hubiéramos estado alejados  por al menos una vida y de cualquier forma encontraras en mi rostro algo familiar. En momentos así ya no recuerdo si alguna vez tuve astillada el alma, tú me haces sentir como si la paz jamás me hubiera dejado de pertenecer. Si yo estoy cuerda, es por tí, que sin saberlo llegaste a salvarme la vida y me cubriste de la soledad. Es que soy bendecida, de las suertudas, de las que llaman a sus sueños y estos vienen al encuentro. Entonces yo me siento infinitamente agradecida por tu vida, porque respiras, porque existes, porque te observo y te puedo tocar y porque estoy viva para amarte y darte lo más humano que hay en mí.

Para Mishi e Igor.

D.